Eventos
Capacitaciones - Ecología - Aviturismo - Proyección Social - Educación y Salud - Tecnología

 

Historia del café en Esquipulas
Octubre de 2009


Cuándo empieza la actividad cafetalera en Esquipulas y quiénes fueron sus precursores, parecía hasta hace poco un secreto bien guardado, pero en aras de documentar y escribir la historia del aromático, el periodista Juan Pablo Espino Villela, quien tiene a su cargo el Departamento de Relaciones Públicas de Finca El Cascajal, visitó a don Juan Ramón Guerra Erazo en su residencia de la Aldea Cafetales, quien con la amabilidad que lo caracteriza, nos refirió con lujo de detalles los pasajes históricos relacionados con los inicios de la actividad cafetalera, que desde hace 40 años aproximadamente y gracias al esfuerzo de un reducido número de visionarios, ha transformado hoy por hoy las condiciones sociales, económicas y culturales de nuestro Municipio.

Periodista Juan Pablo Espino Villela, entrevistando al señor Juan Ramón Guerra.
  Periodista Juan Pablo Espino Villela, entrevistando al señor Juan Ramón Guerra.


He aquí, pues, la parte más importante de la entrevista:

Juan Pablo:  Don Juan Ramón, cuéntenos, ¿cómo principia la historia del café en Esquipulas?
Juan Ramon:  Yo lo que le puedo contar, es que la historia de la actividad cafetalera de Esquipulas comienza allá por el año de 1964 y fuimos Marco Antonio Erazo y yo los precursores. Pero es importante resaltar que las primeras plantitas las trajimos de Honduras y las empezamos a sembrar en un lado y otro. En ese tiempo no se vendía el café despulpado  en Esquipulas. Nosotros lo íbamos a vender a San Pedro Sula y ese trabajo lo hicimos durante cuatro años. De allá trajimos la semilla y allá la llevábamos de regreso. (Ríe).

JP. Pero antes de 1964 ya había café en Esquipulas.
JR. Efectivamente y se le conocía con el nombre de café arábigo. Incluso, mi mamá tenía una finca con esa clase de café y se secaba en bomba o en cereza. Con don Alejandro  y don Adelso Erazo lo íbamos a vender hasta Olopa, pues en ese tiempo no había quién comprara café aquí y tampoco teníamos como despulparlo. En ese tiempo yo compré un pulperito de un chorro en San Pedro Sula y comenzamos a despulpar y los señores que vivían aquí, como don Rubén Franco y Chalo Bautista comenzaron a ver lo rentable que era, dedicándose ellos también a la siembra del grano.  En aquella época viajaba yo muy seguido a la capital y comencé a comprar bolsa para vivero, incluso, fui yo quien le trajo a don Rolando Solís las primeras bolsas. Asimismo, llevé bolsa a Honduras para que la gente hiciera sus viveros y fue así como comenzó la bulla del café, porque en aquel tiempo no había café en esos sectores.

Tiempo después apareció por este lugar un técnico de café que se llamaba Boanerges Duque y él nos comenzó a capacitar y después de eso se comenzó a sembrar café tecnificado como el famoso Caturra, Catuaí, Catimor, en fin, muchas variedades.

Señor Juan Ramón Guerra
  Señor Juan Ramón Guerra.


JP
. ¿Qué pensaba la gente de ustedes cuando se empezó a sembrar una variedad distinta al café que ya había en Esquipulas?
JR. ¡Ay, amigo! La gente decía que estábamos locos, pues nadie creía en nosotros. Pero nosotros vimos los grandes avances que tuvimos con el Caturra, pues como esa variedad se siembra de dos metros por uno, en una manzana poníamos tres mil trescientas plantas. Incluso, se decía que en Esquipulas no había café.

Cuando nosotros empezamos a anunciar el café en Guatemala, hasta risa nos hacían. Ese café es de Honduras, decían, pues creían que todo Chiquimula era caliente, sin embargo, este sector era apropiado para el cultivo. En ese tiempo, cuando se concientizó don Chalo Bautista, también él sembró dos manzanas y fue así como empezó el café a reproducirse en cantidades.

Por eso tiempo nosotros invitamos  al  señor Presidente de ANACAFE, que vino en helicóptero y fue gran ventaja haberlo traído, porque el hombre se fue tan emocionado, al extremo que el discurso que dio en el inicio de la reunión, dijo que se pensaba que el café de Guatemala era el mejor del mundo, pero él tendría que aclararles que el mejor café de Guatemala es el de Cafetales. Sin embargo,  en la mayor parte de Esquipulas todavía no había café.

JP.
¿Por qué se llama Cafetales a la Aldea?
JR. Porque anteriormente se le llamaba “Loma Alta” a todo este sector. Es cierto que había unos cafetalitos, pero eran de café arábigo, pero cuando nosotros comenzamos, vinieron comisiones que se dieron cuenta de la calidad de nuestro café. Incluso, yo fui colaborador de la Malaria en ese tiempo y este lugar no se conocía con otro nombre. Fíjese que todavía en Salud Pública no consta Cafetales sino que Loma Alta.

JP. Cuando todavía no teníamos café en esta región, ¿qué hacía la gente para sobrevivir?
JR. Vivíamos en una gran calamidad. En aquellos años en este lugar no había carretera, nos costaba mucho traer nuestros productos, pero luego, cuando ya tuvimos café, empezamos a gestionar la carretera y como le repito, nos tocaba que llevar el café a Olopa, en “Guacuco”, como le llamamos. La carretera la echamos a pura costilla de nosotros,  a pura piocha, de Chanmagua para acá. Fue así como llegaban los productos.

La carretera de Esquipulas a la cumbre la inició un maderero, pero de allá para acá, don Beto Peralta comenzó a trabajar al punto que la trajeron a Chanmagua; de eso hace ya un montón de años. (Suspira).

JP.
Hoy a casi medio siglo después de la introducción del café, ¿qué piensa el vecino de cafetales cuando vuelve la vista a cuarenta y cuatro años atrás?
JR. Eso nos puede dar hasta risa, porque como le repito, vivíamos en una calamidad terrible. No pasábamos de sembrar frijol y maíz. Hoy la gente tiene una mirada más positiva al darse cuenta cómo ha progresado la aldea a lo largo de 44 años. Hoy gracias a Dios, vivimos mejor, porque en Cafetales todo mundo vive del café.

JP. ¿Se recuerda cómo funcionaba el sistema de cuotas que impuso ANACAFE en aquellos años?
JR. Lo que pasó fue, que en ese tiempo, el café costaba venderlo. El café con cuota tenía mejor precio. Imagínese que de 100 quintales que uno sacara sólo podía vender veinte. De acá de Cafetales, solo cinco caficultores  salimos aprobados: Rubén Franco, Chalo Bautista, Arturo Fuentes, Toñito Erazo y su servidor. Es más, los cinco salimos como finca autorizada, aparte de don Rolando Solís en Esquipulas; éramos los productores más grandes, es decir, los que sacábamos de 101 quintal para arriba. De esa cuenta es que nosotros teníamos el derecho de nombrados con un número; me imagino que esos números todavía están en ANACAFE. Nos daban una tarjeta y esa indicaba que si nosotros sacábamos 100 quintales, teníamos el derecho de vender 20 con cuota y ese café tenían un precio, póngale usted, si el café se estaba vendiendo a un precio de Q.50.00, porque en aquellos años lo más caro que se vendía el café era en 60 0 70 quetzales, pero nosotros lo vendíamos como en Q.110.00. Esa era la gran ventaja que había al venderse con cuota. Incluso, caficultores que les salían dos  o tres quintales, vendían la cuota a otra gente. Eso despertó mucho interés en asociarse a ANACAFE. Nosotros viajábamos constantemente a Guatemala y mucha gente senos prendió para ver cómo lograban su tarjeta para vender mejor su café.

JP.
¿A quién vendía el café?
JR. En ese tiempo le vendíamos a don Rolando Solís, pero estamos hablando de cuando nos convertimos en caficultores, pero antes de eso, lo íbamos a vender a Honduras, a San Pedro Sula. Incluso le comprábamos café a don Guayo Heredia, de la frontera de Anguiatú. Recuerdo que fuimos a un beneficio de un señor que se llamaba Carlos Catá y fíjese que ese señor nos decía: Señores, pero que café tan bueno y cuando olía el café no lograba averiguar de dónde era, pero el café era de Cafetales (Se ríe). La gente se admiraba allá de la calidad del café y cuando nos preguntaban de dónde era, decíamos que era de Copán y nos costaba, porque en ese tiempo nos prohibían la entrada. El café lo llevábamos a Esquipulas, de Esquipulas al Tablón, del tablón lo subíamos en bestia; Tomasito Oliveros nos ayudaba a entrarlo hasta Las Flores y de ahí le poníamos camión hasta San Pedro Sula, eso costaba, pero fue así como le pusimos gran cariño al café. Antes de eso solo se cosechaban dos o tres quintalitos y a Olopa iban a parar; a los Pazos se los vendíamos.

JP.
Ha evolucionado la cultura y la economía. La gente ya no viaja a loma de mula como antes, ¿esto se debe solo al café?
JR. Sí. El café ha cambiado notablemente nuestras vidas. Muchos de nosotros nos quedamos sin estudiar, pero con la llegada del café pagamos a varios maestros para que le dieran clases a nuestros niños, luego el gobierno se interesó y construimos una escuelita; ahora ya no hay solo gente de sexto grado, ahora ya tenemos gente preparada: profesores, peritos contadores. Hasta licenciados vamos a tener dentro de poco. Eso nos ayuda mucho.

JP.
¿Usted cree que se justifica que siendo una zona cafetalera, con mucho potencial, nuestros jóvenes tengan que viajar a los Estados Unidos?
JR. Yo hallo absurdo eso. Solo dese cuenta cuanto joven ha muerto, mucha gente ha ido a fracasar allá; incluso ahorita están regresando algunos totalmente derrotados, los tiran, sufren y eso, como le repito, es absurdo, porque este sector es completamente rico, pero si lo sabemos cultivar y apreciar.

JP. ¿Y de la Cooperativa qué nos puede contar?

JR. Nosotros fuimos los que iniciamos la Cooperativa. Fuimos pre Cooperativa como seis años. Batallamos enormemente con Toñito Erazo y don Arturo Fuentes; fuimos a Guatemala un montón de veces a INACOP y por último nos dieron la carta jurídica. Ahora la Cooperativa es fuerte, pero a nosotros nos costó mucho. Antes estábamos en un corredor, allí teníamos una oficinita con un contador, el Canche Isaías Erazo y hoy día  hay tres o cuatro contadores, hay un edificio enorme, hay un gerente, secretarios, en fin, es una Cooperativa muy bien formada.

JP.
¿Alguna anécdota que nos quiera contar?
JR. Pues como yo era representante legal de la Cooperativa, me tocó una vez ir a traer 160 mil quetzales a la capital, en aquel tiempo 160 mil quetzales era un gran dineral y yo digo ahora, cómo no me mataron. Me dieron un cheque y fui a cambiarlo a un banco que no recuerdo el nombre, pero la verdad es que llegué al banco y me dijeron: señor, ¿se va a llevar el dinero? Si, me lo voy a llevar, le dije. Pero señor, me volvió a decir, allí nomás a una cuadra mataron a un señor por 15 mil quetzales, ¿y usted cree que no lo van a matar con ese dineral? Yo me lo llevo, le insistí, y me dieron 60 mil quetzales sólo en billetes de cien y 100 mil en solo billetes de cincuenta y de veinte. Era una gran maletada y solito yo.

Como yo era el representante legal, los directivos me pedían el dinero en efectivo. En ese tiempo le vendíamos  a USICAFE. Cuando llegué a Chiquimula con aquel pistal, me fui a meter a una galerita, porque recuerdo que estaban construyendo la Terminal. Hoy tenemos la ventaja de que el dinero lo traen al puesto, pues tenemos un banco en Chanmagua que nos ha venido a ayudar enormemente. Eso se llama progreso.


Señor Juan Ramón Guerra.
  Señor Juan Ramón Guerra.

Señor Juan Ramón Guerra y Sr. Juan Pablo Espino
  Señor Juan Ramón Guerra y Sr. Juan Pablo Espino




 


© Comercializadora Finca El Cascajal, S.A. - Todos los derechos reservados 2009 - info@fincaelcascajal.com
Aldea San Nicolás, Esquipulas, Chiquimula, Guatemala, Centro América (502) 7920-4470